En pocas palabras, lo que más desgasta en el trading es: a veces la mentalidad determina el éxito o el fracaso.


El dinero aún no ha llegado a tu bolsillo, pero ya estás pensando en él todos los días; con mucho esfuerzo has ganado un poco, y ya deseas que se duplique de inmediato; cuando comienza a caer, te da pena venderlo, siempre piensas que puede volver a subir, y al final te quedas atrapado cada vez más profundo, hasta que realmente no puedes más y decides vender a regañadientes.


Cuando es el momento de vender, la mano parece estar pegada; cuando es el momento de mantener, te pones nervioso y lo sueltas. Va y viene, todo está al revés—el problema radica aquí. Cuando te alteras, cualquier operación está equivocada. En realidad, no es el mercado lo que te derrota, es ese fuego en tu interior, que a veces arde demasiado fuerte y a veces se enfría demasiado rápido.

La fe y la acción coherente logran ganancias y pérdidas.