Una de las tres grandes desgracias de la vida es el éxito temprano.

Ganar más dinero en tus veinte que lo que otros no podrán tocar en toda su vida, con flores, aplausos y coches de lujo llegando uno tras otro, como si el mundo ya hubiera sido conquistado. En ese momento, lo más peligroso no es derrochar, sino creer que “así será siempre en el futuro”. Los jóvenes tienden a confundir un momento de fortuna con su propia habilidad, y a tomar un mercado alcista como una tendencia eterna.

Pero la broma más cruel del destino, a menudo se oculta tras los momentos de gloria. El mercado se da la vuelta, los proyectos se desmoronan, los amigos se vuelven enemigos, los cambios familiares... lo que alguna vez fue confianza, se convierte de repente en una vida en números negativos.

Por eso, cuando el dinero llega rápido, es aún más importante ser implacable y dejar una parte de “activos de respaldo” – efectivo, oro, y bonos del gobierno que no se ostenten, no se utilicen como apalancamiento, y no toquen el capital.

No es para disfrutar, sino para poder comprar de nuevo la oportunidad de levantarse en la noche más oscura.

El éxito temprano es un buff otorgado por el cielo, pero no dejes que se convierta en un debuff en tu vida. Mantén una salida, y así merecerás un futuro más grande.