#Vanar @Vanar

Imagina una historia que comienza con frustración, no emoción, no exageración, sino una irritación honesta por lo complicado que aún se siente el blockchain. Un entusiasta del blockchain te dice que intentó integrar a sus amigos en el mundo de las criptomonedas. Les mostró juegos, arte digital genial, coleccionables NFT que brillan con potencial. Pero cada vez que alguien intentaba acceder a Web3, se encontraba con un muro: transacciones lentas, tarifas caras, billeteras confusas y herramientas aparentemente inventadas por ingenieros para ingenieros. ¿Qué pasaría, se preguntaban, si Web3 pudiera sentirse tan fácil como descargar un juego? ¿Qué pasaría si la próxima generación no tuviera que lidiar con la jerga de las criptomonedas para disfrutar de la propiedad, la comunidad y la creatividad digital?

Esa pregunta, esa picazón de insatisfacción mezclada con la posibilidad, es donde la historia de Vanar realmente comienza. Es una historia que no surge de alguna torre de marfil de criptógrafos ajenos a los usuarios reales, sino de personas

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