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Cuando Alejandro Magno llegó a la India, ya había conquistado la mitad del mundo conocido. Persia había caído, los reyes huían, las ciudades abrían sus puertas sin luchar. Estaba acostumbrado a que la fortuna lo acompañara, y su ejército creía en él casi como en un dios. Pero la India se convirtió en una prueba diferente.
Aquí no había caminos familiares ni sátrapas sumisos. La jungla sofocaba con su calor, los ríos se desbordaban, los elefantes rompían la formación de falange, y las lluvias convertían la tierra en un barro. La victoria sobre el rey Poros en el Hidaspes fue dura y sangrienta — no un triunfo, sino una agotadora trituradora de carne. Y lo más importante: los soldados estaban cansados. No temían al enemigo, temían a la infinitud. Delante de ellos había otra India, y detrás, otra y otra más. Y entonces ocurrió lo impensable: el ejército dijo "basta".
Alejandro se enfureció, persuadió, amenazó, y oró a los dioses. Pero incluso el genio tuvo que reconocer un límite — no de estrategia, sino de resistencia humana. Retrocedió. Esta fue su primera gran derrota sin batalla.
Moral:
El mercado, como la India, parece infinito. Pero si se ignoran el cansancio, los riesgos y la realidad — incluso el trader más inteligente se estrellará contra una pared. Dar la vuelta a tiempo también es una victoria.
