Un tribunal allá en los Estados Unidos dio 20 años de cárcel a un sujeto que armó un golpe con criptomonedas. El esquema era pesado: fraude y lavado de dinero que sumaron unos 73 millones de dólares (cosa de 380 millones de reales). El detalle es que el caboclo, Daren Li, huyó después de cortar la tobillera electrónica y fue condenado incluso sin aparecer en el juicio.

Ese Daren Li tiene doble ciudadanía, de China y de San Cristóbal y Nieves, y fue atrapado por involucramiento en una banda internacional de fraude con criptomonedas. Según los fiscales, él miraba víctimas americanas usando redes sociales, sitios de citas y hasta plataformas falsas de negociación. El golpe era aquel llamado “abatimiento de cerdos”: los cómplices ganaban la confianza de las personas con charlas vacías y luego las empujaban a sitios falsos o fingían ser soporte técnico para sacar dinero.

Además de la prisión, el tribunal también dio tres años de libertad vigilada. Li ya había confesado en noviembre de 2024 que participó en el lavado de dinero. Él fue el primero de la clase en ser sentenciado, pero otros ocho ya admitieron culpa también. Solo en Estados Unidos, casi 60 millones de dólares pasaron por empresas de fachada antes de convertirse en criptomoneda.

Expertos dicen que estos centros de fraude, como el que Li manejaba en Camboya, ya se comparan con las mayores industrias del crimen organizado, enfrentándose incluso al tráfico de drogas y el ransomware. La diferencia es que funcionan sin parar, siempre con nuevas víctimas, y la criptomoneda facilita demasiado para mover y esconder el dinero.

La situación está tan grave que la Interpol ya ha clasificado estos esquemas como una amenaza global, afectando a personas en más de 60 países. Y no es solo en EE. UU.: recientemente, China condenó a muerte a miembros de familias que dirigían pandillas de fraude en el Sudeste Asiático, involucradas en miles de millones de dólares e incluso muertes.

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