Cuando al final del día has ganado lo que otros ganan en un mes, esa emoción es innegable, tu mente está llena de cómo recompensarte adecuadamente, incluso no puedes esperar para tomar una captura de pantalla y mostrársela a tus amigos para que vean tus logros.
Pero cuando has ganado en un día lo que otros ganan en un año, cambias, ese estado no es emoción ni felicidad, sino una calma profunda como el agua que se detiene. Simplemente cierras la pantalla con indiferencia, te preparas un tazón de fideos en caldo claro, miras el vapor que se eleva y olvidas los números de las ganancias recientes.
Has comprendido, la verdadera fortaleza es silenciosa. La libertad financiera nunca se basa solo en el esfuerzo, se oculta en las grietas de la dimensión cognitiva. Lamentablemente, la mayoría de las personas pasan toda su vida atrapadas en muros invisibles, domesticadas por las reglas mundanas, atadas de pies y manos por dogmas rígidos, agotándose en un ciclo mecánico, persiguiendo sueños ilusorios que están destinados a no ser suyos.