El aire en la Oficina Oval estaba cargado de una esperanza nerviosa y eléctrica. A través del inmenso escritorio de caoba, la Presidenta Elizabeth Hayes no miraba los documentos oficiales, sino el rostro del Premier Lin Wei. Acababan de firmar la declaración conjunta final—un pacto que reduciría drásticamente los aranceles globales, un primer paso hacia una verdadera paz económica mundial. Esta no era una historia de política, sino un momento de profunda humanidad compartida.
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Más tarde esa noche, sentada en la terraza con vista al Monumento a Washington iluminado por la luna, Elizabeth recordó un recuerdo. "Mi padre," comenzó suavemente, volviéndose hacia Lin Wei, "era un hombre simple, un agricultor. Siempre decía que la mejor cosecha no era el trigo que vendía, sino el momento tranquilo de sostener la mano de mi madre después de un largo día. Ese momento de paz compartida. Así es como se siente esto, Premier. No una victoria sobre, sino un suspiro de alivio compartido."$XRP