#historia #fogo $FOGO Javier no dormía. En su habitación, la única luz provenía de un monitor ultra ancho donde el par XRP/USDT dibujaba valles y montañas de neón. En el centro de la pantalla, estática y solemne, brillaba la foto del logo de Ripple: esa "X" estilizada que para él no era un simple gráfico, sino el símbolo de una red que conectaría el mundo entero. Para Javier, XRP no era una moneda, era una religión digital.

Había entrado en la operación con un apalancamiento de 1:20, una locura que lo mantenía al borde del abismo. Si el precio subía cinco centavos, su cuenta se multiplicaba; si bajaba tres, lo perdía todo. De pronto, el gráfico se detuvo. Una noticia estalló en los foros: un fallo judicial a favor de Ripple. La vela verde que siguió fue tan violenta que pareció perforar el techo del monitor.

El saldo en su cuenta de Binance comenzó a girar como una máquina tragamonedas fuera de control. Javier miró fijamente el logo azul de la moneda. Sentía que la imagen le devolvía la mirada, prometiéndole libertad. En ese instante de euforia, recordó la regla de oro que casi olvida: "La ganancia no es tuya hasta que cierras la posición". Con las manos temblando y el corazón martillando contra sus costillas, presionó el botón de "Market Sell".

El silencio que siguió fue absoluto. Javier cerró los ojos, se reclinó en su silla y, por primera vez en semanas, el parpadeo de la gráfica ya no le causaba ansiedad. Había vencido al mercado, pero sabía que la verdadera victoria no era el dinero, sino haber sobrevivido a la tormenta del XRP.